Me va sonriendo la vida,
sin saber muy bien por qué.
No se si es conpasiva
amarga y dulce a la vez.
Sera felicidad,
dentro de lo infeliz que es este invierno.
Espero que me tenga en cuenta
un rayito de este sol de enero.
Y si no,
pues que me moje la lluvia.
El viento en la cara,
su sensación de libertad,
no es más que una mera recompensa
por enfrentarse al vendaval.
Ese vendaval que emana de tus ojos
y no deja arbol sobre sus raices.
Te moja la lluvia.
Te moja la lluvia
y te vas sintiendo vivo
te vas sintiendo vivo mientras sus gotas te golpean la cara,
sientes el frio del agua
y te devuelve el calor a las mejillas.
Sientes como las vas sintiendo correr
y te sientes vivo.
Depies.
Depies te mantienes,
sin intentar tumbarte
sin arrodillarte.
Pero tu alma ya ha vencido,
hace mucho tiempo que cayó
sucumbida ante la profundidad de tus pupilas
y al filo de tus pestañas.
Canturreando una canción.
Ya no me atrevo a llamarla nuestra,
porque nuestro ya no queda nada
ahora soy completamente tuyo.
Faltaba poco para amanecer y me dejaban de responder los dedos,
así que decidi colocarlos en tu espalda.
Juro que yo no dibuje ese corazón,
lo hicieron ellos solos
igual que solos fueron tus labios a parar a mi boca
y sola mi cabeza a las estrellas.
¿y mi corazón?
en tu regazo.
sin miedo a que lo rompas,
porque estallo en mil pedazos cuando lo tocaron tus dedos
y el silbido de tu voz en mis oidos,
de donde tampoco ha escapado.
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